En una ocasión Gatsby estaba recostado sobre un sofá y su bebé jugaba tranquilo a su lado. Le pregunté por la razón del nombre del bebé.

—¿Sabes que me he podido comunicar con él antes de haber nacido, mientras se estaba gestando en el vientre de su madre? —me dijo como respondiendo a mi pregunta.

GATSBY YA NO ES GATSBY

Gatsby tenía una hermosa familia, pero algo principal había cambiado en él. Ya no parecía extraer fuerzas del amor como antes. Ni siquiera parecía importarle demasiado. Sus pensamientos estaban en otra parte. Para mí, que lo había llegado a conocer muy bien, era un cambio muy notable.

Le observaba con detenimiento, con esmero, tratando de adivinar algo, pero la especie de coraza con la que se protegía me impedía ver nada. Solo me comunicaba fuerza, y que gran parte de esa fuerza estaba centrada en regular la ansiedad y el malestar vital que parecía sentir por no conseguir situarse dentro del mundo empresarial de la manera deseada. Gatsby debía ser el referente de esa élite que gobierna el mundo. Muchas de esas personas se sentirían llamadas hacia Gatsby, afines a él. Así lo interpretaba yo. También sabía que para las personas de poder Gatsby era una especie de trampa. Él se percató de la intensidad con que le observaba.

—¿Quieres saber quién soy yo? —me dijo uno de esos días.

—Sí —respondí.

—Para que puedas entenderlo, yo soy fuerza de espíritu.

Fuerza de espíritu sin forma que, según la circunstancia, se vestía o adoptaba la forma propicia al momento. Pero esta nueva forma me resultaba desconocida. No reconocía a mi antiguo amigo. Lo buscaba pero no lo encontraba por ninguna parte.

—A veces ni yo mismo sé quién soy —me dijo en una ocasión que lo sorprendí actuando de una forma que me era desconocida.

Gatsby ya no parecía Gatsby, e incluso durante un tiempo dudé en llamarlo con ese nombre.

LAS CUALIDADES DE GATSBY

Para conseguir influenciar en las personas, en el mundo, Gatsby poseía una serie de cualidades. Conocía algunas de ellas. La más importante era, a mi juicio, el ser alguien modificable dependiendo de las necesidades de su misión en un grado difícil de describir. Ése era el origen de las cualidades que veía desplegarse ante mí, la especial naturaleza de su espíritu. Un espíritu que parecía convertirse en cualquier cosa siguiendo dictados de naturaleza superior. Así era como lo veía entonces, y así es como lo sigo viendo hoy en día.

Vivimos en un mundo donde impera la imagen y la apariencia, y no resulta superficial hablar en estos términos mientras guarden una relación profunda con la realidad, como tampoco resulta superficial pensar que desde el mundo espiritual se tome seriamente estas cuestiones, o el empeño que Jimmy ponía en resaltar la importancia de la imagen en la vida de Gatsby, y como muchos de sus atributos estaban orientados en esa dirección.