—¡Vaya! —exclamó Gatsby, después de mirarme con detenimiento—. ¡Qué buen trabajo han hecho contigo!

Ciertamente, también lo creía. Años atrás, y por mi propio natural, había estado muy pendiente de todas aquellas cosas que venían de Demian, preocupándome en exceso, ocupando demasiado tiempo en mi mente, restando por ello eficacia a mis acciones. Mi actitud era ahora diametralmente opuesta. Yo no había hecho nada para que eso fuera así, salvo ser consciente de ello, pero eso no es suficiente para un cambio tan radical. Estaba seguro de que algo en mí había sido transformado. A partir de entonces cuando algo relacionado con Demian hacía acto de presencia me encogía de hombros y, al igual que el perro, miraba hacia otro lado.

Alquilamos como sede de la empresa un local en un lugar muy conocido por nosotros. Una de las personas encargadas de ese sitio con la que debíamos mantener contacto tenía un extraño amigo. Parecían mantener una relación en extremo particular. El amigo poseía una de esas caras vacías que yo conocía tan bien. Cuando Gatsby lo vio no pudo dejar de sonreírse con sorna.

—No todo lo que vive en un cuerpo humano es de naturaleza humana —me dijo cuando le pregunté.

—¿Puedes verlo por dentro? ¿Cómo es?

—¡Puf! —puso cara de asco, como si lo que viviera en el interior de aquella persona fuera una especie de gusano espiritual.

Pronto pudimos comprobar que aquel hombre tenía acceso a la parte trasera de nuestro local y que podía escuchar todo lo que sucedía en su interior. Acabamos cambiando de lugar aunque por cuestiones meramente empresariales.

No fue éste el único suceso en ese sentido. Estas cosas siempre mantenían, en relación con Gatsby, una cierta distancia, como si temieran acercarse demasiado. Él no manifestaba ningún tipo de desazón o de preocupación. Simplemente su vida era así.

Con frecuencia surgían novedades y malentendidos. Nos venían facturas desorbitadas de proveedores de servicios generales. Al final acabábamos resolviendo esas cuestiones, no sin cierto trabajo.

Gente extraña pululaba siempre a nuestro alrededor. Un grupo de cuatro hombres vivía en un piso enfrente del de Gatsby en el edificio colindante. En alguna ocasión me mostró quiénes eran y pudimos hablar sobre ello. Imaginaba entonces que existía una especie de círculo de magia negra alrededor de Gatsby de manera permanente. En cualquier caso, siempre estaba sometido a vigilancia, y lo cierto es que en alguna ocasión no pudo acudir al trabajo. Nunca le he oído quejarse, a pesar de que, por sus movimientos y la expresión de su cara, lo he llegado a ver verdaderamente dolorido. Por mi parte, no podía hacer nada con respecto a esos temas, de modo que me centraba en las actividades del negocio de manera exclusiva. Aquellas cuestiones eran asunto de Gatsby.

EL BEBÉ

Su mujer dio a luz. Durante casi un año entero pude ver crecer a ese bebé. Conocía muy bien los rasgos de Gatsby, así como los de su familia, que eran muy particulares. En los años que estuvimos separados la fortuna me deparó saber sobre sus orígenes que aclaran su fisonomía. Sin embargo, en aquel bebé no existía ninguno de esos rasgos, ni la más mínima huella de mi amigo. Era el retrato exacto de su madre.

En aquel tiempo todos los medios de comunicación se hacían eco de las investigaciones sobre clonación en animales superiores. Era uno de esos temas que daban mucho juego a los medios. Se especulaba sobre ello. Durante el verano de 1996 se consiguió clonar el primer mamífero. Recuerdo haber pensado que, de alguna manera, el mundo espiritual evolucionaba en consonancia con aquello que los hombres hacían en la Tierra, y que esto afectaba a dicho mundo espiritual. En este caso, el hecho de que desde el mundo espiritual se diera la posibilidad de un nacimiento de tales características venía ocasionado porque en el mundo sensible se estaban dando los pasos necesarios para ello. Fue una idea nueva para mí, y solo era un atisbo de lo que más tarde encontré en los escritos de Rudolf Steiner de una manera mucho más definida y completa4.

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4. Steiner viene a decir que lo que sucede en la Tierra encuentra su eco en el mundo espiritual, pero no pretendo con ello apoyarme en Steiner para dar validez a la idea concreta que expongo. No estoy en condiciones de asegurar que haya sido así, aunque sí puedo afirmar que lo he llevado como una posibilidad real a la espera de una confirmación o negación más clara. Mientras tanto, todo me indica que es así, y aquí describo ese hecho.