Disfrutamos como antaño de todo ese proceso de compra. Es un momento muy especial cuando un coche sale por primera vez a la carretera. No anduvimos ni tan siquiera un par de kilómetros. No dejaba de admirar el coche de Gatsby por el espejo retrovisor del mío. Se veía un coche muy elegante. De pronto un vehículo salió de su carril y se dirigió hacia el coche de mi amigo. Un rápido giro de éste hacia la derecha evitó la colisión.

—¡Vaya reflejos tiene Gatsby! —me dije.

—No he sido yo —me comentó más tarde—. Jimmy ha movido mis manos antes de que me diese cuenta de la maniobra del otro coche.

La envidia de Demian mueve, sin duda alguna, muchas cosas. Ahora estaba seguro de que había hecho lo correcto.

—Solo tú puedes llegar a saber la tranquilidad que me produce asomarme por la ventana de mi casa y poder ver este coche —me comentó semanas después.

LA EMPRESA

Gatsby creó el plan de empresa al completo. Estaba relacionada con el negocio de la distribución, y fue diseñada, entre otras cosas, para introducirse en los hogares.

Necesitábamos promoción, y una de las maneras consistió en repartir folletos que hablaban de los servicios de nuestra empresa. La publicidad también fue diseñada por Gatsby. Era un diseño sobresaliente. Todos los empleados de la empresa iban casa por casa repartiéndola. En cierta ocasión Gatsby y yo estábamos haciendo este trabajo en una urbanización alejada de la ciudad. Iba por delante de él. Al pasar al lado de una alambrada un perro me ladró estruendosamente. Era algo habitual, de modo que seguí adelante. Doblé una esquina. Al escuchar de nuevo los ladridos del perro volví, curioso, sobre mis pasos. Veo a Gatsby cerca de la alambrada mirando fijamente a aquel enorme perro que no paraba de ladrar.

—¡No puedes conseguir que deje de ladrar por mucho que lo mires! —me reía de Gatsby.

—Pero no puede acercarse a mí aunque quiera —me dijo sin dejar de mirarlo.

Efectivamente, el perro estaba a unos cuatro metros de él, lejos de la alambrada, y Gatsby parecía estar jugando con el animal. Seguimos adelante. La calle era empinada. Al dar la vuelta a un recodo me señaló una casa mientras con tranquilidad introduce publicidad en un buzón. La casa resaltaba sobre las demás, y en su porche descansaba un hermoso perro husky de ojos claros, pelo marrón y patas blancas, como si vistiera calcetines cortos de ese color.

—Demian nos está observando. Se ha introducido dentro de ese perro.

El perro nos observaba fijamente. Sus patas delanteras cruzadas colgaban en el aire. Gira, luego, la cabeza hacia el lado contrario.

—¡Qué elegante y tranquilo parece! —dije

—Sin duda lo es —me contestó, desviándose hacia otra calle.

Miré por última vez al calcetinado perro. No podía ver nada en él. Incluso consideraba una pérdida de tiempo pensar en algo que no podía comprobar por mí mismo. No dudaba de la existencia de Demian, pero no podía decir nada de aquello que no fuera experiencia propia. Por otra parte, todo mi ser estaba volcado en la empresa de una forma muy decidida, excluyendo todo lo demás.

Días después Gatsby me habla sobre Demian. Era una información interesante, y a buen seguro que hubiera llamado mi atención unos años antes, pero ahora no despertaba en absoluto mi interés.

—Me da igual el asunto de Demian —le dije con naturalidad—. Nada gano con saber eso. Solo me interesa esta empresa. Las pocas fuerzas de que dispongo están centradas en ella.

Aquellas palabras no reflejaban un convencimiento que me esforzara en conseguir, sino que eran reflejo de una actitud que vivía en mí sin esfuerzo alguno. Simplemente describía un hecho.