GATSBY Y EL TRABAJO

Gatsby era un espíritu indomable y eso no es algo que suela gustar a la gente. En el fondo las personas tenemos miedo de eso. No nos termina de gustar alguien que no se puede controlar de ninguna de las maneras, sobre todo cuando esa persona mantiene algún vínculo con nosotros. La comprensión para con esas personas está directamente relacionada con la distancia en el tiempo y en el espacio. A mayor distancia, mayor comprensión.

Gatsby saltaba de un trabajo a otro. No podía ser de otra forma. No le era posible estar al servicio de nadie, solo de su propia misión. No era una idea temporal en su cabeza, sino que ésta se había hecho carne. Él mismo era eso. Si en la actualidad es difícil comprender cómo esto es posible es porque nosotros no somos así, y nuestras ideas no viven en nosotros con todas sus consecuencias. En Gatsby las ideas se incorporaban a su ser y ya no había vuelta atrás.

Visto desde fuera, Gatsby era una persona muy conflictiva, pero esto no debe verse desde un punto de vista superficial. Debía cambiar de trabajo al divisar siquiera la posibilidad de una oportunidad mejor. Esto podía significar salir de un puesto de trabajo donde no apenas existían probabilidades de una promoción rápida en función del propio talento. Eran cambios por defecto. Allí no había nada para él. La mayor parte de aquellos cambios se debía a que, simplemente, surgían problemas. Si uno quisiera ser más exacto, no se podría ser mucho más y resignarse a constatar cómo surgían problemas por doquiera que se mirara, por doquiera que el paso hollara. Era muy desconcertante.

Podía imaginar muy bien las continuas trabas que Demian ponía con extremada inteligencia en el camino de Gatsby. Mi propia experiencia y algunas alusiones de Gatsby hablaban en ese sentido. Todo lo que venía de Demian era siempre muy oscuro, y su rastro difícil de seguir para alguien como yo. Solo lo conocía por los efectos. Gráficamente era como un golpe en la cara —un problema inesperado que súbitamente sale a tu encuentro— que no te esperas, surgiendo de la nada. Pero había algo que se me presentaba con más claridad. Gatsby era, ciertamente, una persona conflictiva, incluso algunos la definirían, más exactamente, como peligrosa, en el sentido de que se tenía la sensación de estar frente a alguien con muchos más recursos que uno mismo, y esas personas veían al momento sus políticas, su poder, e incluso sus puestos de trabajo, en peligro. Es preciso comprender que él estaba "diseñado" para eso y que no podía actuar de otra manera. Gatsby era incapaz de cuajar en ninguna parte partiendo de cero. Simplemente le cortaban el paso, si podían. Cuando entraba en una organización los defectos de la misma parecían cobrar vida, y como un único ser se enfrentaban a él. Esa era una de las imágenes que se podía llegar a tener de Gatsby en relación al trabajo.

Aún no había dado a luz su mujer y se puso en comunicación conmigo. Le habían echado del trabajo. Había dirigido el descontento de los nuevos consultores de la empresa. Exigieron salarios más elevados y amenazaron con marcharse como un solo hombre. Identificaron a mi amigo como el alma de esas pretensiones y lo despidieron. Gatsby no podía dejar de ser él mismo.

—Y aún hay más. Me han querido ridiculizar como profesional. Me dieron a última hora un trabajo de formación en el departamento comercial de una importante empresa. Incluyeron este trabajo en el finiquito. Lo tuve que preparar por la noche, pero no me dieron todos los datos para poder realizarlo. Después de mi charla ellos mismos me acabaron felicitando, preguntándome de dónde había sacado esa información que ellos, intencionadamente, me privaron —me explicaba Gatsby con cierto malestar.

Yo lo tenía todo claro en mi mente, e iba a jugar la única baza que creía poseer.

EL PROYECTO

Le dije a Gatsby que era el momento de actuar. Le pedí que hiciera un proyecto de empresa, nuestra propia empresa. A la semana siguiente ya lo tenía en mi mesa. Me entusiasmó.

Puse a la venta las acciones que había heredado de mi madre. Era algo difícil de conseguir, pero representaba la única manera de averiguar cómo podía evolucionar. A las pocas semanas mi padre resolvió comprarme las acciones. No eran lo que valían, pero resultaba más que suficiente para empezar el proyecto. Mi padre pidió un préstamo para comprar esas acciones que tiempo después canceló con la venta del inmueble de mi madre. Esto último me sorprendió y me hizo pensar.

Era el verano de 1995 cuando Gatsby y yo nos encontramos para comenzar un proyecto empresarial en común.