—¿Qué quieres decir?

—Que fue un pacto entre las partes —concluyó.

Recordé el carácter japonés de la época, y cómo incluso después de lanzadas las bombas algunos consideraron una vergüenza la rendición. Alguna vez también me habló del futuro.

—Nuestra generación es afortunada. Quienes lo van a pasar mal van a ser nuestros hijos. Lucharán unos contra otros. Somos afortunados por haber tenido unos padres como los nuestros. Los niños que nacen ahora no tendrán la misma suerte.

«En el futuro ciudades enteras lucharan unas contra otras, se levantarán barrios contra barrios, casas contra casas», me dijo ya el primer año de conocernos.

Éramos unas ocho personas en aquella sala, incluyéndome a mí y al propio Gatsby. Uno de nosotros dijo algo muy particular. Comentó una noticia que a juicio de Gatsby, hablaba de Demian.

—Demian está detrás de esto —dijo Gatsby en voz alta.

A continuación siguió hablando sobre Demian. No tengo un recuerdo claro de lo que dijo, ya que mi atención estaba dividida. Creo que fue aquella vez la que me confirmó que Demian tenía contactos con la inteligencia norteamericana, y que suya era la retorcida idea de bombardeo selectivo e inteligente como la nueva forma de guerra del futuro. En el atractivo que, a modo de tentación racional, existía en esa idea, veía yo a Demian. Posteriormente fue aplicada con mucho éxito.

Miré alrededor esperando una respuesta de nuestros amigos a estas palabras. Estaban a escasos centímetros de nosotros y el tono de Gatsby era alto, pero nadie parecía estar oyendo nada. Mi amigo siguió hablándome de cuestiones muy llamativas, pero nadie nos hacía caso. Tuve la sensación de que Gatsby me había sustraído a un mundo donde solo estábamos él y yo.

EL ADIÓS

En junio de 1991 obtuve un préstamo de una cantidad considerable a un interés muy bueno. Lo he negociado a través de mi padre, gracias a sus contactos. Con ello conseguí que se enterase por mí y pude evitar conflictos anteriores.

Pasaban los días. Gatsby llamaba de vez en cuando. Seguía teniendo problemas allá donde iba. Entendí que Demian haría lo imposible por acabar con él, por matarlo. En cualquier caso, le complicaría la vida de tal manera que ese dinero que con tanto esfuerzo le había dado se le iba a acabar muy pronto. Es preciso comprender que Gatsby podía conseguir un trabajo, pero surgían problemas tales que acababan impidiendo su continuidad. A Demian le gusta brillar por eliminación.

Estos pensamientos eran los míos, esos días. Y un pensamiento nuevo surgió en mí. Más que un pensamiento era un punto de vista, el mío propio, sin tomar nada más en consideración. Mi vida era una pura deuda bancaria. Ya no podía más. Había llegado a mi límite. Entonces todo me parece una locura.

Lamentaba en el fondo de mi corazón haber sido el elegido para apoyar a Gatsby. Estaba seguro de que cualquier otro, más resolutivo y con más carácter, hubiera hecho un trabajo distinto y, en consecuencia un mejor trabajo. También estaba seguro de que ya había hecho tanto que el mismo peso de los acontecimientos me impedía continuar. Estaba muy seguro —nunca lo he puesto en duda— de que la influencia de Gatsby llegaría incluso a esos lejanos lugares de África donde se comerciaba con materias primas que desde otras partes del mundo se reclaman con avaricia. Esa codicia había convertido aquellas regiones en lugares violentos donde los más viles crímenes tenían lugar. Cuando sentía el peso sobre mis hombros esa idea me alentaba, pero, ahora ya no podía mantenerla en mi conciencia.

Bajo mi crispada mirada Jimmy mismo me parecía un loco irresponsable que había manejado mi vida a su antojo, y que la había conducido, como todo lo que tocaba en su vida, al borde del abismo. Le hice llegar claramente a Gatsby que mi colaboración había terminado, y no se lo transmití de buenas maneras