Íbamos a ayudar a alguien que estaba esperando que algo aconteciera para cambiar su vida. Siempre hay personas así. Solo se trataba de buscar hasta encontrarla. Cogimos un periódico donde aparecían sitios de alterne en busca de una prostituta que reuniera esas condiciones. Nos fuimos del primero. Era una casa particular. La chica que salió estaba drogada y tenía la conciencia embotada. En el segundo nos encontramos con mujeres que no reunían las condiciones necesarias bajo la suprasensible mirada de Gatsby. En el tercero una chica se acercó a nosotros. Gatsby habló con ella y le enseñó la medalla. Se quedó muy impresionada. Se la regala.

Nos fuimos pasado un rato. Gatsby me contó que el regalo y su conversación le habían hecho recapacitar sobre la huida de su casa. Echaba de menos a su familia y pensaba volver junto a los suyos. Después de un tiempo Gatsby recibió una carta de la chica en la que le relataba que había rehecho su vida junto a su familia, retomando unos estudios de secretariado que había dejado inconclusos.

EL CERDO

Pasan los días y, con ellos, las semanas. Un velo parecía haber caído sobre todo lo vivido con Gatsby. La vida era suave para mí, una compensación necesaria a tanta intensidad.

Aquel día me levanté con una sensación extraña. Era el segundo día que me despertaba de esa manera. Solía amanecer con mucha fuerza. Siempre creí ser beneficiado de algún modo, pero ahora notaba un tono oscuro acercándose a mi alma.

Estaba muy pendiente de mí mismo, y decidí seguir estándolo en los días sucesivos. Al día siguiente me volví a levantar con una sensación desagradable e infinitamente sutil. Tenía la impresión de que alguien de una inteligencia muy refinada se acercaba a mí. Lo describiría como una sensación pegajosa a nivel anímico, y a la vez como algo retorcido, escondido. Creo que era sábado.

Salí a la calle decidido a esconderme, yo también, detrás de una aparente inconsciencia. Dejé que las imágenes y pensamientos circulasen ante mi mirada sin aparente control. Era una trampa, ya que necesitaba que esa sensación apareciese de una manera más clara que me permitiera saber más de ella.

En un determinado momento en que mis pensamientos imprimieron en mi alma un cierto movimiento hacia la sensualidad, como araña que siente vibrar la fina hebra, una terrible bocanada de aire fétido me inundó anímicamente. Nunca he vuelto a sentir nada igual. En un instante había pretendido confundir sus pensamientos y sentimientos con los míos, y éstos eran de una vileza y degeneración inmensas.

—¡Te pillé, bastardo! —fueron mis palabras llenas de rabia.

Duró un solo segundo, el suficiente como para saber de él. Le puse cara, la de un cerdo. Un rango, una especie de sacerdote, de iniciado. Y una biografía, por su virulencia había sido instigador de extremas vilezas en la historia de los hombres.

Esta imagen me llenó de profunda rabia. Me dirigí presuroso a una iglesia. Entré en el sagrario. Allí, ante una imagen a tamaño natural de Cristo, le pedí que me ayudara a desprender ese cerdo de mi alma. Estaba verdaderamente indignado, y no solo por mí. Pensaba en toda la humanidad expuesta a seres de una negrura sin límite, escondidos y avezados enemigos de los seres humanos. Al cabo de un tiempo dejé de tener esa sensación pegajosa que me inundaba por completo y salí decidido a ayudar a mi amigo Gatsby con empeño renovado.

No podía asegurar que Demian estuviera detrás de todo lo sucedido, porque no poseía un entendimiento más allá de los sentidos que lo confirmara, aunque todo parecía indicar que así era. Vi entonces a Demian como un completo idiota, y su frenética actividad como su debilidad. Él iba a ser el promotor que me impulsaría a ayudar a Gatsby con unas fuerzas que antes no tenía. Me di cuenta de que Demian estaba perdido si el hombre consigue desenmascararlo detrás de los acontecimientos bajo los que decididamente se esconde.