EL NOMBRE DE LA ROSA

Me hablaba Gatsby, del éxito de Demian como escritor. En ese sentido hizo referencia a la novela titulada El nombre de la rosa de Umberto Eco, como un libro inspirado por Demian. Yo conocía algo acerca del libro, entre otras cosas, que había sido escrito a comienzos de 1980. Demian debía tener entonces doce o trece años. Yo no era de mucho preguntar. Trataba de concentrar todas mis fuerzas en asimilar de manera sana todo lo que me venía.

Pensé que la entidad espiritual -Satanás lo llamaba yo entonces- que gradualmente se incorporaba a Demian lo había hecho cuando éste tenía una edad muy temprana3, y que esa incorporación, aunque a pequeña escala, por el hecho de vivir ya en la esfera terrestre, tenía suficiente poder como para inspirar a determinadas personas. En cualquier caso, o bien Gatsby encontró en ese libro el rastro de Demian de alguna manera, o bien le dio la clave de lo que Demian estaba en disposición de hacer en el futuro.

—Esto va a ser como un juego de ajedrez —decía Gatsby, dejando entrever que él también tenía ese poder para inspirar personas—. Cada uno moverá sus figuras dentro del gran tablero del mundo.

Pero que esto no lleve a confusión. La ventaja de Gatsby consistiría en mostrarse no en su interioridad como yo lo conocía, ya que de ese modo no sería entendido, pero mostrarse al fin y al cabo. El mundo debía conocerlo.

Para mí fue sorprendente comprobar que Rudolf Steiner también habla de Ahrimán como inspirador de obras de todo tipo.

MALOS TIEMPOS

En los últimos meses de 1990 las cosas empezaron a complicarse, y mucho. Gatsby comenzó a tener problemas con su novia. Al final de las vacaciones que ella pasó en casa de mi amigo surgió algún problema.

Por su forma de hablar, o su elegancia en el vestir, su pulcritud y sus modales, todo el mundo tendía a pensar que mi amigo era rico. Pero no era así en ninguna medida. Su novia lo había conocido con un coche estupendo, viajando para verla e invitándola a pasar unos días en una estación de esquí. Con Gatsby esos momentos irradiaban una luz muy especial, y todo el mundo creía que las cosas con él siempre iban a ser así. Se hizo una imagen equivocada, y al comprobar poco a poco que la vida junto a él no iba a ser como esperaba debió sentirse desconcertada.

Ella había terminado la carrera y se planteaba qué hacer con su vida. La seguridad económica empezó a ser una cuestión importante. Los planes que barajaba dejaban un poco de lado la relación con Gatsby. En lugar de pensar en mantener su relación de amor, empezó a pensar en cómo hacer para conseguir la ansiada independencia económica a toda costa. Ella priorizaba al uso de la época, haciendo lo que todo el mundo hacía, separando estas dos cuestiones. Gatsby sufría con todo ello.

Mi situación económica también era muy difícil. Todos los préstamos que había conseguido estaban cargados con un interés muy elevado. Mi afán y mi actividad estaban centrados en obtener ingresos para pagar de manera anticipada esos préstamos y poder librarme de ellos. Poco a poco pude deshacerme de alguno. Aunque hacía lo imposible para que mis operaciones financieras no llegaran a conocimiento de mi familia, ya que no quería afectar sus vidas, mi padre se enteró de alguna de ellas. A partir de un determinado momento comencé a observar en él un comportamiento muy extraño. En parte lo achaco a la muerte de mi madre y al vacío que había dejado en su vida. Pero había algo más. Parecía estar sufriendo indeciblemente.

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3. Sabía por Gatsby que Demian, de pequeño, ya sentía aberración por todo símbolo religioso, especialmente por la figura de Cristo, así que Ahrimán debía estar, ya entonces, muy cerca de él.