Tanto visitar bancos, me había dado un sexto sentido en relación con el dinero. Había algo en todo ese sistema que, simplemente, no funcionaba. El propio dinero se había convertido en objeto de codicia porque se le había dado ese atributo. ¿Y por qué había de ser así?

—Tienes que inventar un nuevo tipo de dinero —le decía a mi amigo en ese tiempo.

Estaba muy seguro de que Gatsby llegaría a hacerlo algún día, y mi mente hallaba descanso en la idea de ese futuro logro, donde las relaciones comerciales estarían marcadas por su sentido verdadero.

DEMIAN HACE SU PRESENTACIÓN PÚBLICA

Era una mañana espléndida. Gatsby viene hacia mí muy sonriente, como el mismo Sol.

—Demian ha hecho su presentación ante los medios —me dijo.

—¡Explícate! —exclamé un poco desconcertado.

Me contó entonces algo de lo que yo también había oído hablar, ya que esas informaciones se me presentaban sin que yo las buscase. En cuanto a informaciones de sucesos externos se refiere, estaba siempre en sintonía con Gatsby. Y el suceso en cuestión trataba de lo siguiente.

Había una famosa periodista española, corresponsal durante muchos años del Vaticano, llamada Paloma Gómez Borrero. En esa ocasión había estado trabajando en un reportaje que trataba sobre la realidad del demonio e incluía una entrevista con un conocido exorcista del Vaticano. Era noviembre de 1990. Una vez terminada la entrevista dejó el material de trabajo —dos cintas, un bloc de notas y unas fotocopias— encima de una mesa del despacho de su casa. Mientras esto hacía un pájaro negro entró por una ventana del despacho, dándose golpes con las paredes con tal violencia que se mancharon de sangre «como si allí se hubiese cometido un crimen» —según palabras de la propia periodista—. Paloma salió de la habitación buscando a alguien que la ayudase. Encontraron al pájaro ensangrentado encima de un mueble utilizado como biblioteca pegado a la pared. Al intentar cogerlo, el pájaro se escurrió entre pared y mueble. Aunque intentaron localizarlo moviendo el mueble, nunca jamás pudieron hallarlo. Al día siguiente, Paloma se dispuso a trabajar sobre el material del día anterior, pero se encontró su magnetofón inutilizado. Las cintas y el material en papel habían desaparecido.

—Nadie —decía ella— había entrado en mi despacho desde la noche anterior.

En una entrevista concedida muchos años después habla de estos hechos. El material desaparecido le iba a servir para documentar un programa de radio y escribir un artículo en una revista de suscriptores. El programa nunca se llegó a realizar. Al final escribió un artículo para esa revista pero, misteriosamente, ninguno de los números enviados a sus abonados llegó a su destino. Al cabo de dos años, en noviembre también, aparecieron las cintas y los documentos en papel en el mismo lugar donde desaparecieron.

—Esto último —seguía diciendo ella— me inquietó verdaderamente.

Dijo algo muy curioso en aquella entrevista. Afirmaba que probablemente el demonio pretendía atemorizarla, pero que no lo consiguió, ya que ella decía ser más fuerte, al menos, entiendo yo, en el ámbito de su vida profesional y privada. Pero cuando el conductor de la entrevista le preguntó si había vuelto a escribir sobre el demonio, ella, un poco consternada, como si acabara de descubrir algo, dijo que nunca más volvió a escribir sobre ese tema. Su cuerpo, su voz temblaban mientras hablaba. Esto es característico. El solo recuerdo le afectaba el sistema nervioso.

Y ahí estaba el Demian que yo conocía. Los que con él tomaban contacto podrían decir lo que quisieran, pero la realidad era que les producía tal miedo, tal desazón interior, que apartaban su vista de los caminos que él hollaba. Pensaban que ganaban la batalla volviendo a recuperar su anterior sosiego, pero nada gana el que deja el camino libre. La importancia de Gatsby, entiéndase bien, residía en que trataba a Demian como a su igual.