Jimmy hacía y decía cosas tan poco habituales que uno tendía siempre a pensar que estaba bromeando, aunque el tiempo confirmará que algunas de ellas eran ciertas. Otras, como ésta, están sin confirmar. Al poco rato sale.

—¿Qué ha pasado? —pregunté.

—¡No se cree que sea yo! ¡No quiere que la moleste! —me respondió haciendo gestos muy graciosos.

Más tranquilos le pregunto.

—Y después de algo así, dime, ¿qué es lo que queda?

—De aquello queda «un pudo haber sido pero no fue» —me dijo más serio.

Para mí, eso fue una advertencia que me conminaba a luchar por lo que uno quiere, pues puede no ser nunca.

EL M.B.A.

Mi amigo y yo no nos veíamos muy frecuentemente, pero cuando lo hacíamos pasábamos juntos mucho tiempo. Gatsby había enfocado su carrera hacia el mundo de la organización empresarial. En aquella época no lo entendía, pero en 1985 ya me comentó que era el ámbito de la cultura empresarial el que debía recibir su influencia y donde él debía desarrollarse, al menos en una primera estadía.

Gatsby parecía «diseñado» para ese mundo. Era un diseño perfecto, tanto que me llegó a parecer su verdadero talón de Aquiles. Todas sus fuerzas estaban dirigidas para hacer grandes cosas dentro del ámbito empresarial. No parecía tener ningún punto débil en ese terreno. Sin embargo, primero había que llegar. Ése era el único punto delicado, ya que en mi amigo no había posibilidad para espíritu de vasallaje alguno. ¿Cómo salir desde la nada? Ésa era la cuestión.

Al fin y al cabo Gatsby hablaba de ética en los negocios, pero lo hacía de una forma que no era posible resistirse a ello. Cuando lo moral está acompañado de la fuerza de Gatsby, uno siente que una estrella luce bien cerca, y que no hay oposición posible, pues es el tiempo de esa estrella.

Pero antes debía llegar. Al contrario que su opositor, debía encontrar un púlpito adecuado para ser visto y oído. Entonces su influencia sería grande. Y ese «debía llegar» era su talón de Aquiles. Jimmy, lo repetía una y otra vez.

—Gatsby debe crear su propio imperio empresarial. Tenéis que pensar siempre a lo grande, como yo hacía cuando estaba en la Tierra.

Era ese ámbito de la economía que, tan maliciosamente, extralimita sus zonas de influencia, el que lo debía acoger en su seno. Gatsby, tenía esas fuerzas capaces de poner orden en ese mundo de egoísmos desatados. Hay que comprender esto en su pleno sentido: Gatsby tenía esas fuerzas.

Aquella mañana me habla sobre Demian.

—Tengo que hacer un Máster de Dirección de Empresas. Demian, está accediendo ya a un Máster.

Añadió que el Máster de Demian estaba vinculado a la empresa General Motors, no recuerdo exactamente qué tipo de vinculación. En el año 1990 Demian debía tener unos 22 ó 23 años. No se lo pregunté. No creí que algún día fuera de importancia.

Hube de recorrer, por enésima vez, todos esos bancos con escasez de clientes, ávidos de una ocasión de engordar su cuenta de explotación con unos intereses elevados, a cambio de incrementar su riesgo conmigo. Al final conseguí un préstamo personal para poder pagar su M.B.A.