EL OTRO DEMIAN

Debió ser a finales del año 1988. Mi amigo Demian me habló sobre el otro Demian. Así lo llamó: Demian. A partir de entonces así lo llamamos siempre. Y a partir de ese momento dejé de llamar a mi amigo con ese nombre.

Por lo que me dijo, entendí que, en cierto sentido, ellos eran dos seres hermanados con fuerzas muy similares. Compartían una misma naturaleza que podríamos denominar «Demian». Mi amigo había trascendido esa naturaleza. El otro se había quedado en ella, eclipsado por su propio poder.

Me habló en términos muy parecidos a los que empleo años atrás. Demian era su oponente. Éste tenía bastante apoyo y mi amigo contaba con la ventaja de ser unos años mayor que él. Mi amigo me habló de Demian como de una poderosa personalidad que prestaba sus fuerzas al Mal absoluto. Yo entendía la existencia de muchos seres espirituales entregados al Mal, con su jerarquía, y en su cúspide se encontraba aquel ser denominado de múltiples formas: demonio, Satanás, diablo, Leviatán, llámese como quiera. Ahora tenía la posibilidad de encarnarse en una personalidad muy especial, tanto que podía soportarlo. Así lo entendía entonces.

Había conocido, había visto desplegarse en mi amigo fuerzas muy especiales. Solo pensar en una contraimagen suya entregada al mal me daba escalofríos. Conocía del mal lo suficiente como para ser consciente de que busca afanosamente incorporarse a lo inmaduro, y me imaginaba a Demian siendo tentado a una edad muy temprana.

Mi amigo me contó que había algo de verdad en lo que se podía ver en una película titulada La Profecía. Nunca llegué a verla. Al conocer a mi amigo creía saber más de Demian que de ninguna otra manera. Solo tenía que imaginarme su reverso. Además, nada es casual, y detrás de todo siempre existe una intencionalidad. No conocía lo que verdaderamente había detrás de este film, y no quería estar expuesto a ello.

En lo sucesivo emplearé el nombre de Demian para referirme a la especial personalidad sobre la que Ahrimán ha encarnado, unificándose gradualmente a ella y siendo el mismísimo Ahrimán en la Tierra, para así reproducir fielmente, con las palabras de entonces, lo vivido.

EL COCHE

En diciembre de 1988 Jimmy me contó que mi amigo necesitaba un coche. El año que comenzaba iba a ser un año de viajes. Yo debía conseguírselo.

Mi amigo me sugirió que buscase un coche de segunda mano. Sería más barato. Él le daría el visto bueno. Mi amigo tenía un olfato muy especial para los motores, y no es una metáfora. Podía saber si un motor estaba en buenas o malas condiciones con solo mirarlo, con solo olerlo.

Me gustaba visitar los concesionarios, podía montarme en los coches, incluso probar alguno. En esa ocasión me subí a un modelo Spider, el mismo modelo en el que Jimmy murió. Pensé en ello. No bien me hube sentado tuve que levantarme de inmediato. ¡Por un momento creí estar sentado en el interior de una tumba!

Encontré un coche, un Volkswagen Golf rojo. Ése era el color preferido de Jimmy. «El color de la sangre», como solía decir. A mi amigo le encantó. Consigo pagarlo a través de un préstamo personal. En enero de 1989 estaba circulando.

Al mes siguiente hablé por teléfono con Jimmy. No estaba de acuerdo en que el coche fuera de segunda mano. Jimmy era muy gracioso. Yo me reía con sus ocurrencias.

—Si no se lo cambias lo estropearé —añadió poco después.

—¿Cómo?