—Esa empresa va a quebrar muy pronto —me dijo.

—¿Puedes saber eso, así sin más? ¿Puedes saber si una empresa le va a ir bien o mal en su negocio?

—Sí —me contestó.

—Eso es estupendo. Ese tipo de conocimiento es dinero en según qué sitio y a ti te vendría muy bien, tan necesitado que estás. Invierte en bolsa —le dije.

Demian tenía muchos hermanos y casi todos ellos estudiaban una carrera universitaria. Sus padres tenían muchos gastos. Le habían comunicado que le pagaban la matrícula de la universidad pero que, lamentablemente, solo podían darle una pequeña ayuda para la manutención y el hospedaje. En ese sentido estaba pasando por una situación un tanto delicada.

—No —me dijo sonriendo—, no me está permitido. Las cosas no son así. No puedo utilizar esa información para ganar dinero.

Comprendí que si hacia algo así dejaría de ser lo que era y no conseguiría nunca aquello para lo cual había venido, para lo que tanto se esforzaba ahora y para lo que existían tantas expectativas de futuro. Recordé lo mal que Jimmy hablaba de los juegos de azar. Ésa no era una forma legítima de establecer unas relaciones económicas sanas, aunque Jimmy lo expresaba de una forma más brusca. Todo tiene sus consecuencias.

Nos despedimos. Me tenía que marchar al servicio militar y probablemente no nos veríamos en todo un año. Mientras caminaba, una profunda tristeza me encogía el corazón. Nunca pude imaginar que el amor de Demian no llegase a buen puerto. Hubiera podido soportar cualquier novedad, cualquier cambio, pero este suceso me había dejado consternado. Nunca lo hubiera creído posible. Yo sabía lo que me decía. Si las cosas más sagradas no prevalecen, si no son salvadas, entonces todo es posible. Quizás incluso las enormes fuerzas, las grandes expectativas que existían sobre Demian, todo lo que Jimmy había predicho al respecto, se quedase en nada. Cualquier cosa es posible. La desesperanza misma puede reinar.

Dios mío, qué triste me sentía al comprobar lo frágil que eran algunas cosas que creía inamovibles. Nada era gratis. Todo parecía exigir un sacrificio. Ya nada se asemejaba a nuestro primer año.

EL COMPROMISO

Sí, ya nada parecía ser como antes. Los acontecimientos se sucedían unos tras otros de una forma que ya no me era posible digerirlos del todo. A finales de 1986 diagnostican y operan a mi madre de cáncer. A mediados de 1987 comienzo mi estadía militar. Tuve ocasión de comprobar por mí mismo que «nosotros nada tenemos que ver con la cultura militar», tal y como me insinuó Demian. A finales de 1987 me encerraron en un penal militar por abandono de servicio. Desgraciadamente, el cáncer volvió a hacer acto de presencia en mi madre y la operaron de urgencia. Fue una operación importante. Solo pude verla una vez excarcelado y terminado mi servicio militar, pasado el año de 1988. La encontré postrada en la cama, convaleciente.

Volví a encontrarme con Demian aquel verano de 1988. En esa época aparece Jimmy en varias ocasiones, como antes lo hacía. Había pasado el tiempo y ya no sentía esa desconfianza hacia él. Me contó que él evitaría que Demian tuviese que acudir al servicio militar. Según decía Jimmy, tenía poder para manipular cualquier documento relativo a Demian. Sin duda, para este último habría sido una pérdida de tiempo, y seguro que hubiera tenido muchos problemas. En su vida física Jimmy también había sorteado esa obligación haciéndose pasar por homosexual.

Muchos biógrafos han especulado sobre la orientación sexual de Jimmy. Esto le molestaba mucho. Yo me reía de él por ello aunque, siendo justos creo que tenía razón.

Jimmy podría haber sido homosexual, pero no lo fue. Ésa era la verdad, y por encima de ella parecían ejercer su dominio la imprecisión, la desidia y la dejadez, defectos que permiten especular sobre lo inimaginable. Especulación que permite vender libros, ser famoso y ganar dinero. Esa codicia y vanidad ajenas eran capaces de ensombrecer la verdad de una vida a la que se había entregado por completo, con todas sus fuerzas.