A partir de ese momento mantuvimos el contacto con alguna frecuencia, sobre todo telefónicamente. Poco a poco fue recuperando su vida olvidada. Me contó que Jimmy también acabó por comunicarse con él. Todo parecía volver al punto donde lo dejamos y nada parecía haber cambiado. Solo yo creía tener mis fuerzas mermadas. Me alegraba que la Causa siguiese en marcha, pero me sentía anímicamente muy débil y sólo pensaba en poder recuperarme.

En ningún momento se lo dije a Demian, pero no quería hablar con Jimmy. Había sentido por él un gran afecto y me había dolido la forma en la que se fue, sin advertirme nada. Pensaba que podía haberme evitado mucho sufrimiento y desconfiaba un poco de él. No sé cuánta razón podía haber tenido en esto, pero no quería verlo, y Jimmy no habló conmigo directamente en ese tiempo.

SU NOVIA

Volvimos a vernos a finales de 1986 o principios de 1987. Visité la ciudad donde Demian estudiaba. Sentados en un banco, me contaba sucesos de su vida actual. Hablaba de Jimmy y de sus cosas —que para él parecían ser nuevas—, pero no despertaba mi interés. Por aquel entonces yo tenía otras preocupaciones. Le pregunté por su novia. Le tenía afecto y quería saber cómo estaba ella.

—Ya no estamos juntos —me dijo resignado.

—¿Cómo puede eso ser posible? Un amor tan grande. Nunca en mi vida vi nada igual —estaba muy asombrado, verdaderamente no me esperaba esa noticia.

Me miró a los ojos, como diciendo: «Tú lo sabes mejor que nadie». Su cara transmitía una gran tristeza.

—Conocía exactamente el día y la hora en la que ella iba a abrir la ventana de su cuarto para dejarse caer, para suicidarse —me confesó—. Fui a verla y terminé con la relación antes de que eso sucediera.

—¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? —No podía creer lo que estaba oyendo —¿Qué es lo que le pasó? ¿Por qué?

—Ella quería asirme —Demian alargaba sus manos como queriendo coger algo—, tener algo a lo que poder sujetarse, algo seguro a lo que poder entregarse. Pero a mí no se me puede asir. No es eso posible.

En un solo segundo lo entendí todo. Me llevé las manos a la cabeza. Ella, tan dulce, se había entregado por completo a Demian, tal era su amor. Habían compartido tantas cosas que no podía dejar de pensar en él. No le era posible apartarlo de su mente. Pero Demian era una fuerza de la naturaleza en continua evolución. Sus registros, por decirlo así, eran tan amplios y los cambios a los que se veía sometido eran tan brutales que no resultaba posible hacerse una idea de quién era. Todo en él era desconcertante. Era como si ella se quisiese entregar al viento, a un torbellino, al mar bravío que rompe en las rocas. Ella había vivido mucho de lo que yo había llegado a vivir con Demian, y aún más, pero sin saberlo. Los cambios de Demian eran reales y no dejaban de tener su efecto aunque no se sea consciente de ello.

Aún pude verla en mi imaginación. Esa dulce muchacha, totalmente inestable, queriendo encontrar algo de paz, queriendo apartar de su alma a mi amigo y entregándose por última vez al viento que mecía su cabello al abrir la ventana.

—Si ella te conociese como yo, si hubiera estado en mi lugar, nada de esto hubiera pasado —le dije.

No hubo respuesta alguna. ¡Qué tristeza tan grande bajó aquella noche a nuestros corazones!

Comprendía también que Demian, fiel a sí mismo, había aguantado hasta el final, hasta ese momento en que ya nada se podía salvar. Pero ella era lo importante, y Demian había hecho bien en terminar la relación. Ahora ella estaba rehaciendo su vida. Se había marchado a otra ciudad donde continuaría sus estudios.

Permanecimos en un silencio que rompió Demian. Me señaló el nombre de una empresa que se veía escrito en letras grandes enfrente de nosotros.