Fue así como James Dean apareció en nuestras vidas. Como ya he mencionado anteriormente, no sabía nada de él y, sin embargo, en muy poco tiempo había sido participe de un rasgo característico de una personalidad muy singular. De Jimmy se podrán decir muchas cosas, pero jamás que pasara desapercibido. Todo en él es muy espectacular. Por lo que sé, tanto en su vida en la Tierra como después de ella, los que le han conocido no lo olvidan fácilmente. Deja, por decirlo así, una huella profunda.

En plena excitación del momento ese tal Jimmy, como le gustaba que lo llamásemos, estaba hablando interiormente con mi amigo. Al principio, mi amigo se mostró muy sorprendido pero poco a poco se fue tranquilizando. Su cara se relajó, su gesto se volvió serio, concentrado, pero también comunicativo. Hablamos todavía un poco, reímos bastante y, al final, dormimos en un sueño profundo.

Despertamos a la mañana siguiente. Hablamos entre risas de lo sucedido el día anterior. Mi amigo me comentó que Jimmy apremiaba para que nos levantásemos. No hicimos caso y decidimos seguir durmiendo. Yo dormía al lado de un balcón con cortinas interiores y mi compañero al lado de la puerta, en el otro extremo de la habitación. Nos quedamos dormidos de nuevo. De pronto se escuchó un timbre ensordecedor. Nos despertamos sobresaltados. ¡No sabíamos de dónde venía aquel ruido! Abrimos cajones, buscamos por todas partes. Finalmente localicé encima de mi cama, de donde cuelgan las cortinas, una bolsa negra. Pude bajarla con dificultad. Dentro de ella se encontraba mi enorme despertador con su ruido infernal. Nuestras risotadas se podían escuchar a mucha distancia.

Desayunamos en un bar cercano. Hablábamos sin parar y en nuestra conversación se introducía Jimmy con algún que otro comentario jocoso que mi amigo me trasladaba. Algunas de las preguntas que le hice a Jimmy a través de mi amigo, aquél las contestaba diciendo que mi compañero de habitación buscase en tal o cual bolsillo, y aparecían escritas en servilletas de bar, esas de fino papel, las repuestas. Fue un comienzo de día verdaderamente divertido.

A la pregunta sobre el motivo de la aparición de Jimmy en nuestras vidas me respondió ese mismo día mi amigo, y lo corroboró el propio Jimmy horas después. Al parecer mi amigo tenía una misión muy importante que cumplir, una misión de enorme trascendencia. Éste se confesó diciendo que siempre intuyó que la vida le deparaba algo muy especial.

Ése no era ese mi caso, aunque reconozco que, en secreto, siempre esperé algo así. Necesitaba algo como lo que me estaba sucediendo. Pregunté también qué era lo que hacía en esta historia, y se me dijo que ayudaría a que esa misión se pudiera llevar a cabo. No me pareció tener la suficiente categoría como para ayudar en cosa alguna que fuera de gran importancia pero todo lo vivía con gran intensidad, y pronto olvidé ese reparo.

No tardó Jimmy en hacer acto de presencia. Ese mismo día, después de la comida, mientras mi amigo yacía recostado, casi imperceptiblemente y como la cosa más natural del mundo, Jimmy se introdujo en su cuerpo. Me habló con los ojos cerrados, tumbado, sin moverse. Yo lo miraba con recelo, y me pareció percibir dos cosas mientras me hablaba. La primera era que, efectivamente, quien conmigo se comunicaba no era mi amigo. Notaba que se trataba de otra persona bien distinta a pesar de su inmovilidad. La otra era que esa otra personalidad estaba haciendo teatro, que esa inmovilidad y esos ojos cerrados eran puro teatro. Se notaba —al menos eso pensaba yo— que el tal Jimmy se había apoderado totalmente de los sentidos físicos de mi amigo. Supongo que no quería impresionarme en exceso.

Recuerdo que quise probarlo, comprobar si había algo que debía ser descubierto. Quizás mi amigo pretendiera engañarme. A veces pasan las cosas más insospechadas y hay que andarse con cuidado. Mientras me hablaba con los ojos cerrados hice ademán de agarrarlo con fuerza sin que se diera cuenta y entonces descubrirlo. Pero inmediatamente, con un gesto rápido, levantó su mano pareja a la mía, indicándome con ello que debía desistir del intento.