Luego estaba lo que decía y la manera cómo lo decía, cómo se expresaba, cómo se movía, esa fuerza que parecía desprender. Muchos se sentían atraídos por todo eso. En cambio había otros que sentían hacia él una íntima repulsa, como si aquello que oían les removiera por dentro. Y es que lo que Demian decía variaba dependiendo del oyente, como si obedeciera a algo que existe pero no que no se percibe con los sentidos físicos. Así, se podía llegar a observar cómo Demian decía algo aparentemente inocuo e inofensivo, sin ánimo de ofender, y uno podía notar cómo su interlocutor reaccionaba inmediatamente, como si algo le perturbase de pronto, o incluso le ofendiese.

—¿Qué le has dicho? —le comenté en una ocasión en la que alguien reaccionó de manera violenta.

—No lo sé —me contestó—, a veces es algo no del todo consciente por mi parte.

Existía, un grupo de personas que, según mi experiencia, podría definir como personas engreídas, llenas de sí mismas, personas de poder que se sentían inmediatamente, al primer contacto, amenazadas por Demian. Era toda una experiencia poder ver algo así. Era como un pulso que duraba unos segundos. Entonces la otra persona, estupefacta, sumamente ofendida por la pronta derrota, se retiraba a su caverna. Algunos hilvanaban venganzas en esa oscuridad. Esto último es importante, no solo por lo que significa en sí mismo, sino también porque representa una clave que podrá responder, de una determinada manera, de mi presencia en esta Causa.

En cambio, las personas humildes no se sentían amenazadas en absoluto. Todo lo contrario, más bien le trataban de manera familiar. Él tenía buenos amigos en el gremio de los limpiabotas. Decía que en esa profesión se encontraban personas especialmente sabias.

EL OTRO

Jimmy entró impetuoso en la habitación.

—Es increíble, es increíble —dijo.

—¿Qué es lo que pasa? —le pregunté.

—Es increíble que haya dado con él…tan pronto —se refería, obviamente, a mi amigo.

—¿Que haya dado con quién, Jimmy? Explícate.

—¡Hay otro como él! ¡Hay otro!

Puse cara de no entender nada.

—Otro como él, pero opuesto a él, entregado al mal.

El Mal. Sentía una gran animadversión hacia el Mal que tan cercano presentía en el hombre, en mí mismo. Permanecí callado. Era lo que faltaba por aparecer. Sabía que algún día habría que enfrentarse a ello.

Jimmy me mira.

—Imagínate alguien como tu amigo Demian, alguien con esas fuerzas que tú conoces tan bien, pero entregado al diablo. Imagínatelo ejerciendo su magisterio en una clase de adolescentes, de personas inmaduras, desvirtuando sus fuerzas y convirtiéndolas en otra cosa —dijo.

Era justo la imagen que tenía en mente. Tanto me dolió ese pensamiento que lo miré con indiferencia.

—No importa. Lo matamos y asunto concluido —estaba verdaderamente dolido.

Jimmy hizo como que no me escuchaba y siguió hablando acerca de las consecuencias que sobre el mundo podía ocasionar alguien así.

—No importa —insistí—. Lo matamos.