PARTE SEGUNDA

LA TRANSFORMACIÓN

Soy consciente de que me puedo repetir en exceso, pero Jimmy era un tipo muy divertido. Uno siempre tenía una sonrisa en la cara cuando se hablaba de él, y para mí era particularmente difícil negarle algo a alguien con quien te lo pasabas tan increíblemente bien.

Demian también se expresaba en los mismos términos al hablar de Jimmy. Su relación era aún más cercana que la mía. En muchas ocasiones hablábamos de las ocurrencias de Jimmy, y la sala donde estábamos se convertía en una fiesta de risas interminables. Encontrarse a Jimmy en un semáforo, vestido de vaquero con unas pistolas colgadas del cinto, esperando para cruzar, puede ser algo muy divertido.

Recuerdo haberle preguntado cómo era eso posible si estaba muerto.

—No te preocupes —me dijo—, es solo una imagen.

Para mí era impensable algo así, pero Demian comenzó a indagar en la personalidad de Jimmy. Empezó a querer saber más sobre el Jimmy del presente. La naturaleza de Demian parecía obligada a confrontarse a todo, y Jimmy no iba a ser una excepción.

La relación entre ellos era muy estrecha y particular. El poder que Jimmy tenía sobre Demian en según qué cosas era muy elevado. Estaba claro que ese poder no venía de Jimmy sin más. Sin embargo, también estaba claro que las cosas venían a través de Jimmy, o venían a través de Jimmy. No había otra posibilidad.

Ese papel de intermediario empezó a ser destacado por Demian, restándole importancia a nuestro amigo. Demian parecía medir sus fuerzas con las del propio Jimmy. En algunas materias como, por ejemplo, en psicología, opinaba que ya sabía mucho más que Jimmy, y lo ubicaba en un lugar no demasiado elevado dentro del mundo espiritual. Yo presentía que Jimmy estaba molesto por esa actitud hacia él. Por mi parte, solo llegué a notar una cierta rebeldía en Demian durante el tiempo que precede a lo que quiero contar. Durante ese tiempo empezó a poner en tela de juicio aquello que Jimmy decía. Yo percibía que algo estaba pasando en ese sentido, pero de los detalles del asunto nada llegué a saber en concreto.

Una de las tardes en las que nos solíamos ver, me encuentro a Jimmy sentado en la mesa de estudio de mi amigo. Está muy serio. No recuerdo con exactitud toda la conversación, ya que me pilló desprevenido. Estas cosas evolucionaban siempre muy rápidamente, y yo debía amoldarme con la misma rapidez.

En aquella ocasión recriminó nuestra forma de poner en tela de juicio su autoridad. Presentí por sus palabras que Demian y él habían tenido un encuentro poco amigable. Nadie me dijo nada pero, conociendo a Demian como lo conocía, diría que había querido poner límites a la actuación de Jimmy, y eso era malo en el sentido de que era una acción prematura.

Jimmy me advirtió que se habían tomado medidas en ese sentido. Me dijo que mi amigo iba a necesitar mi ayuda por encima de todas las cosas. Sin prevenirme sobre nada más se marchó y apareció mi amigo Demian, que miraba a la mesa como queriendo situarse. Volvió su mirada hacia mí y con extrañeza preguntó.

—¿Quién eres tú? ¿Qué haces en mi habitación?

Reaccioné rápido. Le conté que éramos amigos, que estaba al corriente de su misión.

—¿Sabes quién soy yo? —me preguntó.

—Sí, tú eres Demian —le respondí.

—Demian… —se quedó pensativo, me miró fijamente—. Sí, ése es mi nombre.

Relaté algunas vivencias suyas que solo podían ser conocidas por alguien muy cercano. Le hablé de Jimmy. No conocía a nadie con ese nombre. No parecía preocupado. Estaba tranquilo y confiado. Le observaba con toda mi atención. Era mi amigo, sin duda, pero había en él algo distinto. Más limpieza en la mirada, más nobleza, más mansedumbre. Estaba transformado.