LA EVOLUCIÓN DE DEMIAN

De suma importancia era la instrucción, la educación de Demian. Nada podía saber yo de ella en sus procesos interiores, que permanecían ocultos a mi mirada. Sin embargo, estoy seguro de haber participado de esos procesos en sus efectos exteriores. A ese respecto tenía la impresión, y aún la sigo teniendo como recuerdo, de que cada día que pasaba Demian parecía tener algo nuevo o, cuanto menos, acrecentado.

Durante la primera parte de esos nueve meses que aproximadamente permanecimos juntos, muchas de las experiencias de Demian venían más de la mano de Jimmy. Después las experiencias, los conocimientos, parecía adquirirlos por su propio esfuerzo, y Jimmy aparecía en un segundo plano, como esperando que mi amigo averiguara cosas por él mismo para hacer acto de presencia. Había una evolución más que evidente en Demian pero, como ya dije, solo puedo transmitir algunos de sus efectos.

Al principio, cuando Jimmy utilizaba su cuerpo para hablar conmigo, ya estuviese el tiempo que fuera —y podía ser toda una tarde—, al reincorporarse Demian seguía la conversación en el mismo punto donde la había dejado, e ignoraba lo que había sucedido entretanto, si yo no le decía nada. En esos primeros meses Jimmy solía hablar mucho conmigo. A Demian le molestaba ese continuo uso de su cuerpo, y solo por afecto a mí se resignaba.

Muy pronto dejó de estar en ese limbo, por decirlo así, y se daba cuenta de todo. En ocasiones se callaba, como si Jimmy se estuviera comunicando con él. Me miraba en silencio y aparecía Jimmy. En una ocasión le pregunté a Jimmy qué hacía Demian en ese preciso instante, y brevemente me respondió: "Ahora mismo, está estudiando". Por lo general, no le preguntaba qué hacía o dónde había estado, ya que yo tenía demasiadas cosas en que pensar cuando terminaba de hablar con Jimmy.

Demian participaba de los pensamientos de los demás. De alguna manera los veía. Sabía perfectamente si alguien mentía.

Todos guardamos detrás de nuestras acciones pensamientos e intenciones que, en algunos casos, nos son desconocidos hasta por nosotros mismos. Esos pensamientos e intenciones ocultas no lo eran para él. Siempre me sorprendía lo que podía llegar a manifestar sobre lo que verdaderamente se escondía detrás de lo que otros hacían o decían. Aunque me esforzaba en comprender, era como si me hablara en otro lenguaje. Para mí estaba claro que él estaba despierto en un lugar donde yo dormía.

Sus sentidos estaban muy agudizados. Su visión podía omitir la materia física en sus diferentes grados, densidades u órganos —no puedo saberlo exactamente— a modo de escáner. De ese modo si iba a comer un alimento lo miraba y podía saber si existía algún problema, algún elemento dañino.

En una ocasión me dijo que yo tenía un principio de cáncer de piel en la cara, y lo eliminó. Al fin y al cabo, estas son cuestiones que no puedo comprobar, pero era fumador, y en esa misma ocasión me dijo que tenía los pulmones muy sucios y dijo haberlos limpiado. Puedo asegurar que, en este caso y otros más, sentí mis pulmones más limpios, y lo comprobé al hacer ejercicio y amanecer sin tos alguna. Era como cuando no fumaba. Un fumador empedernido como yo notaba la diferencia.

¿Cómo había llegado a adquirir esas cualidades, esas habilidades en tan corto período de tiempo? Lo ignoraba por completo. Simplemente era así y participaba de ello como la cosa más natural del mundo. Estas habilidades eran trazos, la punta del iceberg de una evolución interior de la que yo no podía participar e ignoraba casi completamente. En el fondo estas habilidades no llamaban mucho mi atención en el sentido de que pronto me acostumbré a que las cosas fueran así.

Lo que verdaderamente llamó mi atención porque si pude percibir, y lo pude percibir porque si tenía un órgano de percepción receptivo a ello —Jimmy solía decir que lo invisible solo se ve con el corazón— fue la luz que parecía desprenderse de él en todo lo relativo a su persona. Era una mezcla de fuerza, humildad, simpatía, amor por lo humano, sabiduría y amabilidad. Se trataba de un compendio de virtudes en un grado muy elevado que, unificados en una misma persona transmitían sensaciones muy especiales. Jamás vi nada igual, y creo que jamás volveré a verlo en esta vida.