Estaba claro que no estaba allí para enfrentarme a ese tipo de situaciones de forma directa. Aún así, todo tiene un sentido, todo es símbolo de algo. También mi participación lo era. De eso estoy seguro.

ACLARACIÓN

¿Cómo es posible que integrantes de esa Orden supieran que mi amigo había roto el secretismo que los amparaba? ¿Y cómo es posible que aparecieran justo en ese momento?

Uno se puede preguntar cómo es posible que tengan lugar esas coincidencias, esas extrañas coincidencias. No puedo dar respuestas de cómo ciertas cosas que parecen increíbles son posibles. Únicamente puedo transmitir lo vivido por mí -algunas cosas las he visto, otras sólo las he oído-, y en ese sentido he de decir que, por lo que yo recuerdo, siempre fue así. Las cosas de mi amigo eran así. Como si su destino fuera enfrentarse a determinadas situaciones, y esas situaciones, como saliendo de la nada para quien no sabe cómo, venían a su encuentro decididamente. Y estas situaciones debían tener un desenlace, debían ser superadas o serían una carga, y mi amigo no llegaría a ser nunca lo que se esperaba de él.

DEMIAN

Aquella mañana habíamos quedado para desayunar en un bar. Vino a mi encuentro pletórico. Estaba muy contento. Siempre lo estaba, aunque aquella vez su mirada reflejaba que algo especial pasaba. Lo lamentaba, no se podía quedar. Iba a protestar, pero era un cambio de última hora. Le esperaba su novia. Cerré la boca. Era consciente de que para él, esa clase de felicidad no se podía comparar con ninguna otra cosa, y no había nada que negociar.

Antes de marcharse, me preguntó si quería saber quién era él. Le dije que sí. Sonriente, me muestra un libro: Demian de Hermann Hesse. «Éste soy yo», me dijo un poco más serio. «Léelo con atención», insistió. Y se marchó tan animoso como había venido.

El libro se quedó sobre la mesa. Aún podía ver a mi amigo a lo lejos. Tenía la sensación de haber tenido un encuentro con un rayo, con una fuerza de la naturaleza. Todo parecía brillar a su alrededor. «Será la felicidad», me dije.

El libro permaneció sobre la mesa varios minutos más. No me atrevía a abrirlo. ¿Qué iba a encontrar en él? Finalmente lo abrí y leí con gran interés, sobre todo la descripción que Sinclair hace de Max Demian. Sin duda había algo de mi amigo en todo eso, aunque, en cierto modo, el afecto que sentía por él me impedía verlo de esa manera.

Algunas de las cuestiones que Hesse pone en boca de su Demian me parecían un tanto extrañas. No terminaban de gustarme. No por ello lo catalogué como menos importante. Antes bien no lo creía así, aunque contenía demasiados enigmas como para no ser dejado a un lado por un tiempo, dejando de ese modo que actuara en mí lo leído.

Como digo, dejé a un lado aquello que no comprendía y me centré en aquellas otras cuestiones que me resultaban más familiares. A partir de aquel día, como si de la cosa más natural del mundo se tratara, empecé a llamarlo con el nombre de Demian, alegrándome de haber encontrado un nombre que reflejara la verdad de mi amigo, lo que él era.