Este personaje es Bruce Lee. Me explicó el proceso: algo sobre energías que incidían en la circulación de la sangre, y me mostró el punto de aplicación. Tomó mi mano y apretó levemente en la base del pulgar. Me sentí ligeramente mareado y soltó la mano al instante. No pude hacer otra cosa más que asombrarme. Su actitud era seria y reflexiva. No dude de él. Lo único que pensé fue que su vida estaba a años luz de la mía. No acertaba a entender qué hacíamos juntos en esta Causa como gustaba llamarla Jimmy. No habría pensado más en ello si no hubiesen sucedido ciertos acontecimientos.

Pasados unos días lo encontré hablando sobre el tema de Bruce Lee con otros compañeros. Me sorprendió. No lo esperaba, aunque no comentara cómo había llegado a obtener esa información. Para mí todo lo que sucedía entre ambos estaba rodeado de un profundo secreto. Me dijo que deseaba que se conociera la existencia de ese tipo de Órdenes. Comprendí que el secretismo fomentaba el poder de dichas Órdenes.

Quisiera decir que esta Orden tenía un nombre, y los que formaban parte de ella también. Mi amigo era uno de ellos. Nunca antes había oído esos nombres. Me resultaban extraños, pero pasados unos años esos nombres empezaron a aparecer por todas partes. Estaban muy difundidos y eso llamó mi atención. Solo a la luz de estos nuevos datos podía entender la posibilidad de que mi amigo hubiese tomado un camino equivocado en la vida y que la aparición de Jimmy impidió.

Pasaron unas semanas. En un determinado momento empecé a tener la sensación de que me seguían un par de hombres de raza oriental. Pensé que eran imaginaciones mías. Poco después me comentó que dos personas pertenecientes a esa Orden se habían puesto en contacto con él. Sabían que estaba hablando, a pesar de que existía un voto de silencio, y querían verlo.

—Niégate— le dije.

—No puedo— respondió—, saben de nuestra amistad y me han amenazado con hacerte daño.

Fui a verlo el día que se iba a producir el encuentro que se presumía violento, pero mi amigo no iba a dejarse sorprender. Se sentía fuerte, muy fuerte. Estaba muy seguro de sí mismo y de lo que iba a pasar, como si jugara con ventaja. Estaba sereno y sonriente, un poco excitado, como si estuviera deseoso de demostrar la fuerza que era capaz de desplegar.

—Solo mi maestro pudo intuir quién soy en este campo— solía decir por aquel entonces.

Me pidió un favor, tal vez debido al hecho de que se me había inmiscuido en este asunto: que a una determinada hora pidiera una ambulancia para recoger a dos personas que se habían caído de un primer piso en una determinada dirección. Con ello daba a entender cuál pensaba que iba a ser el desenlace. Llegada esa hora así lo hice.

Le esperé, preguntándome cómo se podía afrontar algo así con esa seguridad. «Su misión debe ser muy importante, y todo un mundo espiritual parece estar a su lado, a su servicio incluso, y este suceso, en el fondo, debe ser poca cosa», pensé. Ese pensamiento me animó.

Llegó pasadas unas horas. Me tranquilizó verlo. Estaba exultante. Él mismo estaba impresionado de la energía que se había desplegado en el combate. Tal despliegue de energía había cogido por sorpresa a sus oponentes. No pregunté más y, aunque no puedo asegurarlo, tengo la sensación de que el combate fue breve. Todo esto me pareció demasiado peligroso. No sabría cómo solventar ese tipo de situaciones por mí mismo. Pareció conocer mis pensamientos, y me pidió que me fuera y descansara un poco.

En una ocasión Jimmy me dejó entrever que yo no iba recibir ningún daño físico mientras formara parte de la Causa. Ciertamente he llegado a tener vivencias muy intensas, algunas de las cuales contaré, pero las cuestiones que han llegado a ser peligrosas han pasado ante mí en una forma que he podido convivir con ellas.