«¿Un caballero? ¿Qué tiene que ver con esto?», —me dije extrañado.

En los días siguientes, Jimmy me habló de mi amigo en términos del potencial que llevaba consigo, de lo que ya era y de lo mucho que se esperaba de él. Estos términos hablaban de una capacidad de amar, de lucha, una fuerza, nobleza y sacrificio de espíritu mayúsculos.

—Él es un caballero —me dijo, y detrás de estas palabras me parecía vislumbrar un ideal de ser humano encarnado en la Tierra, caminando sobre ella.

—¡También yo quiero ser un caballero! —le dije con ingenuidad, y en su risa se podía ver cuán lejos estaba yo de entender los sacrificios que aquella empresa exigía.

Efectivamente, el carácter de mi amigo se refinaba y se fortalecía cada vez más. Sus modales se suavizaban, su mirada se volvía más y más comprensiva. Superaba cualquier prueba que se le pusiese en el camino, y lo hacía con la elegancia de quien guarda un preciado tesoro en su interior. Ésa ha sido, desde entonces, una constante en su vida.

Una vez me confesó que ante las situaciones límite que hubo de vivir, en las que parecía que el siguiente paso era el de la caída definitiva, emergía de su interior una fuerza que lo restituía casi inmediatamente. Es difícil imaginar una fuerza así, pero he de confesar que la he visto actuar ante mis ojos muchas veces.

Avanzó mucho en su educación, si queremos llamarla así. Tanto avanzó que, pasados algunos meses, Jimmy me estaba hablando de algo relacionado con él y terminó la frase diciendo: "…es un príncipe". Por pura asociación mental con el único príncipe del que había oído hablar, pensé: «príncipe...de las tinieblas».

—Príncipe de la luz— dijo Jimmy no bien hube terminado de pensar eso.

EL GUERRERO

Yo diría que como regla general, los acontecimientos que viví en ese tiempo seguían un orden. Así se podría afirmar que en un determinado momento algo pasaba como detonante de sucesos que estaban por venir. En las conversaciones que mantenía con Jimmy me mostraba o me hacía volver la mirada hacía un aspecto de la personalidad o de la vida de mi amigo. Se daba entonces la circunstancia de que ese aspecto se desarrollaba en lo sucesivo ante mis ojos de una determinada manera.

Con respecto a lo particular que quiero decir, todo empezó a raíz de un encuentro un poco violento:

Mi amigo solía pasear por las tardes con su novia y, en esa ocasión, cuando ya había anochecido, un maleante les sacó una navaja con intenciones que nunca llegamos a conocer en detalle, ya que mi amigo, para asombro de su novia, le soltó un puñetazo con una rapidez endiablada. También mi amigo se asombró del efecto devastador que produjo en el asaltante desplazándolo varios metros. A raíz de ello Jimmy me habló de las especiales fuerzas que vivían en mi amigo en ese campo. Esas insinuaciones ayudaron a que éste me contara su vida pasada. Esto es, a grandes rasgos, lo que llegué a saber.

Mi amigo era un experto en artes marciales. En su adolescencia había practicado una de esas artes, y su maestro oriental vio en él un potencial fuera de lo común. A través de su maestro, siendo aún un adolescente, partió hacia un lugar de Oriente donde durante un tiempo asimiló unos conocimientos y habilidades que no debían ser de dominio general. De lo secreto y serio de este tema puede dar una imagen lo que sigue.

Mi amigo me contó que algunos de esos conocimientos secretos empezaron a ser revelados por un personaje público en una determinada época, y mucho de su éxito futuro parecía depender de que estos secretos se siguieran haciendo públicos de manera más o menos velada. Representantes de esta Orden secreta pidieron reunirse con él. Aquel personaje aceptó muy confiado por el éxito de su carrera.

—Se confió— dijo mi amigo—, y lo mataron con un apretón de manos.