Cuando entendí que la misión de mi amigo tenía que ver con aportar luz al mundo combatiendo esa confusión y esa desorientación, me sentí inmediatamente identificado con esta Causa.

Vi a mi amigo venir hacia mí. Acababa de participar en una celebración religiosa junto a su novia. Estaba muy serio.

—Durante el acto religioso me ha hablado Dios— me dijo profundamente impresionado.

Permanecí callado, a la expectativa de lo que va a decir.

—«Espero mucho de ti». Esas han sido sus palabras— me dijo, mientras parecía recogerse en sí mismo, como queriendo cargar sobre sus hombros esa responsabilidad.

LAS FUERZAS DE MI AMIGO

Al principio el aspecto de mi amigo era bastante salvaje y rebelde. Con el tiempo todo en él se va refinando. Cada día que pasa hace nuevos descubrimientos. Era difícil no verlo pleno de fuerzas, movido por una intensa emoción. Jimmy parecía instruirlo secretamente. Pronto me habla de imágenes de sucesos suministradas por Jimmy y que, a modo de vídeo, puede visionar en su mente. Experimenta con sus fuerzas, se desengaña, aprende.

Aquel día me dijo que Jimmy le había insertado una especie de computadora en la cabeza. Gracias a ella, podía hacer cálculos complicados. Esa tarde iba a tener ocasión de ponerla a prueba, ya que un compañero le había invitado a jugar al tenis.

—Se va a llegar una buena sorpresa. Se cree un gran jugador, pero voy a servirme de mi computador para analizar las jugadas y darle un escarmiento— me dijo muy seguro de sí.

Le miré sonriendo, estaba muy jovial. No dudaba ni por un momento que todo sucedería tal y como me estaba contando. Nos vimos algo más tarde. Le pregunté por el partido. Su cara enrojeció de la vergüenza. Hacía gestos con las manos como si no supiera muy bien qué era lo que había sucedido.

—Me ha pegado una soberana paliza— me dijo riendo.

No parece que hubiera nada de provecho en esa computadora pues nunca se volvió a hablar de ella.

Sus sentidos muy pronto se agudizan: La vista, el oído. Intensifica los olores de una manera sorprendente.

Mi amigo estaba profundamente enamorado de su novia. Aquel era un amor verdaderamente grande. La chica tenía un pariente cercano que era estudiante como nosotros. Él andaba secretamente enamorado de ella, y mi amigo tenía que soportarlo. Había algo en ese pariente que le molestaba verdaderamente. Le era profundamente antipático.

Una noche acudía al encuentro de mi amigo. Los dos sonreíamos. De pronto torció el gesto, acercó su nariz, me olía de manera ostensible.

—¿Has estado hablando con el pariente de mi novia? ¿Es acaso amigo tuyo? No me gusta ese tipo— me dijo.

—No, qué va. No lo he visto… Un momento, espera —un recuerdo súbito me viene a la mente—. Hablamos esta mañana, ya no me acordaba…

—Pues aún hueles a él— me dijo con cara de pocos amigos.

Había dos personas por las que sentía una profunda antipatía, y mientras ésta existió, siempre adivinaba cuándo había mantenido contacto con alguna de ellas. Con el tiempo dejó de tener aquel sentimiento hacia esas personas. No fue este el único incidente en el que de alguna manera se veía involucrada su novia, ya que en su educación nada se le ocultaba por muy desagradable y personal que fuera.