He convivido durante gran parte de mi vida con estas imágenes que describo y hay cosas que no admiten duda para mí. He sido testigo de procesos y cambios muy profundos imposibles de recrear y mantener artificialmente. Hay cosas que no pueden ser mostradas al exterior si no se llevan en el seno de uno mismo.

En mi opinión, en Gatsby vive una entidad elevada, tan elevada como para oponerse a la encarnación de Ahrimán. Echemos un último vistazo a su vida.

Cuando conocí a mi amigo todo en él era bastante salvaje y radical. Le costó un tiempo dejar ese estado de cosas. Luego aparecieron cuestiones más sutiles y más difíciles de superar. El conocimiento de las verdaderas intenciones y deseos que anidan en las personas le hizo sentir animadversión hacia algunas de ellas, antipatías que también le llevó un tiempo dejar atrás. Pasados esos meses, a la par que unas especiales cualidades crecían en él, su madurez espiritual fue más que evidente. Su desarrollo se conducía a velocidad de vértigo, y ningún campo parecía serle vedado.

En el tiempo de su vigésimo primer cumpleaños tuvo lugar un cambio muy profundo al que asistí maravillado. Él mismo hablaba de cómo algo extrahumano había venido a añadirse a lo que él era y, efectivamente, algo distinto a lo anterior parecía habitar en él. Por entonces lo llamaba Demian, y él se identificaba con ese nombre y lo que representaba.

A partir de ese momento su vida cambió. De algún modo parecía entregado a los designios de su propio destino. Se identificó con su misión y contra quién tendría que luchar. Toda su vida estará marcada por esta realidad, y los acontecimientos que se suceden a lo largo de ella no perderán de vista ese elevado objetivo. No parecía temerle a nada, ni cosa alguna parecía hacer mella en él. Del amor extrae fuerzas insospechadas, y también será su debilidad. Es Gatsby. Sin duda lo es.

Pasaron los años, el tiempo apremiaba. Era el momento de salir del anonimato. Era el momento en que había de ser probado como una de esas personas en quien todos fijan su atención preguntándose si será merecedor de servir de modelo a los nuevos tiempos. Él es un luchador incansable y debe influenciar en los acontecimientos del mundo con el mismo derecho con que Ahrimán encarnado lo hace. Para ello debía vestir el disfraz de la época y entrar por derecho propio en ese mundo de los negocios y de la economía que, con sus ideas y acciones, domina el mundo. Debería crear un imperio empresarial desde el que puedan desarrollarse sus fuerzas y enunciar desde la práctica cómo las cosas deben hacerse. Estaba tan entregado a ello que ya no podía reconocer a mi antiguo amigo. Ni él mismo parecía conocer todas las fuerzas que vivían en su persona. Tenía treinta años, y ése es un paso previo y necesario, un pie de la escala de una misión cuya magnitud estará determinada por sus propias fuerzas y aquellas otras que se le oponen.

No lo consiguió, ni lo ha conseguido en este tiempo. Sabedor de los imprevisibles cambios que se pueden producir en su persona, no puedo asegurar qué ha podido ser de él en la actualidad. Ésta es su vida. Este es el drama de Gatsby y, con absoluta seguridad, el drama de otras muchas personas.

Y estas son mis vivencias, que he tratado de narrar tal y como las viví en su tiempo, con los pensamientos y sentimientos de entonces, con la esperanza de que puedan aportar algo de la frescura de lo que un día fue un vívido recuerdo.